FRANCESCA

Tendría unos cincuenta años la guacha. Espaldas anchas, como de nadadora, ojos verdes y pelo rojizo. Las caderas anchas, también, y una mandíbula fuerte. Estaba descalza y usaba un vestido simple con un buen escote. Decí que me daba miedo encarar yo en esa época, sino la tenía. Seguro.